¿Por qué soñamos?
Te quedas dormido, calentito bajo tu manta. ¡Y de pronto estás volando, o chapoteando en una piscina, o hablando con un dragón simpático! ¿De dónde salen estas historias tan raras de la noche?
Tu cerebro sigue despierto
Incluso mientras duermes, tu cerebro sigue trabajando. Es como un ayudante ordenado que espera a que llegue el rato de tranquilidad para colocarlo todo. Durante el día ves, oyes y sientes muchísimo. Por la noche tu cerebro mira todo eso y decide qué guardar.
Los sueños son recuerdos mezclados
Para hacer su ordenación, tu cerebro vuelve a poner trocitos de tu día. Coge un recuerdo por aquí, una emoción por allá, y los mezcla. El perro que viste, el pastel que comiste y la canción que escuchaste pueden acabar revueltos en una sola historia graciosa. Esa historia es un sueño.
Por eso los sueños parecen tan tontos. Son trozos de cosas reales, revueltos de una forma nueva, como agitar una caja con piezas de puzles distintos.
Por qué los olvidamos
Cuando te despiertas, muchas veces el sueño se escapa rápido. Tu cerebro solo estaba practicando y ordenando, no guardando el sueño en sí. Así que para la hora del desayuno, la mayoría de los sueños ya han salido flotando, como pompas de jabón que estallan al sol.
Dato curioso: Sueñas más durante una fase del sueño llamada REM, ¡cuando tus ojos se mueven rápido detrás de los párpados cerrados, aunque estés profundamente dormido!